Cosas que nunca me dije

Escribo durante horas y me levanto a intervalos. Hay quien se ha dejado las llaves de la oficina. Me sujeto a mi mismo. Cuando me duele el culo de tanto estar sentado me enfundo en la zamarra y me las piro a la calle. Me falta comprar agua, pan y algo de morro. Al caminar paso por una oficina de turismo, las señoras allí plantadas tienen cara de que alguien se ha tirado un pedo. Engancho sumiso un mapa, un "Wroclaw in your pocket" que delata mi ya evidente aspecto de guiri y marcho hacia una Biedronka cercana. Una tipa me topa para venderme una colonia. Decirle "no tengo tiempo" con acento extranjero la espolea para machacarme a preguntas. Alzo la vista, todo el Rynek es una carrera de obstáculos. Algo así como un slalom de solidarios greenpeace, señores regalando postales y la chica de la colonia que se afana en hacerme ver que 60 euros por una colonia no son nada. Uf.

Abro el "Wroclaw in your pocket" y efectivamente, sirve ni para empacar pescado. Eso sí, habla de una bonita iglesia jesuíta a pocos metros de allí y dejo de leer los siguientes catorcientos párrafos.

Con mi padre tengo un juego que en realidad no es tal. En otras ocasiones, cuando nos hemos adentrado en iglesias de jesuítas, hemos intentado descubrir quién era quién. Ignacio, Estanislao, Javier y toda esa peña que suelen encontrarse por estos templos suelen ser el inicio de un juego de pistas que hay que saber entreleer. Es entretenido.

Entro. Vacía. La recorro, hay un guía hablando con unas guiris norteamericanas que le preguntan qué es lo que está pintado en el techo. Casi nada, así a vuelapluma me salen unos cincuenta personajes en la historia de la creación contada a los cristianos. Me acerco para sintonizar la parabólica y justo en ese momento está en ello: "...y ese de ahí es Javier". Joder qué bien, me acabas de ahorrar el esfuerzo. Al poco descubro toda una capilla dedicada al navarro. Un poco cascada pero oyes, no están las cosas como para ponerse estupendo.

Karol es el guía. Hablamos de todo un poco. Quiere montar una empresa de turismo pero no tiene claro cómo hacer. Le cuento lo de la cara de pedo de las señoras y se ríe. Yo es que no fui a jesuítas sino a los marianistas y claro, contar chistes en la iglesia no consta en sus registros. Se extraña al escucharme, o mejor dicho, le extraña mi acento pero le parece guay. No sé si le entiendo esto último. Da igual. Subimos por las escaleras del coro. Miramos el órgano. Hablamos del mural del techo a menor distancia de éste. Los dos sabemos lo de la iglesia-escuela. Entra una yaya por la puerta. Echa un donativo.

El Sol ha calentado los adoquines como para animar a unos húngaros a tocar una de gitanos con sus bombos y trompetas. Tengo los pies helados de estar de pie por la iglesia. Al salir me encuentro con esa pared tan chula. He quedado a las cuatro y media con R.


Qué pasa Wro

Hace pocas horas que he llegado, el frío vuelve a cortarme la cara y mis meninges comienzan a carburar en su hábitat favorito. Percibo el Halne que baja del Tatra, gélido y calmo, en nada igual al Cierzo que tras el Moncayo cañonea mi ventana y que cada día venía empujádome, sin sutilezas, a vestirme el sayo de viaje.

La insoportable levedad de aquello que fuimos y lo abiertamente difuso de quienes seremos. El galimatías de ser como se es ha dado con mi osamenta en Wrocław. Yo mismo pienso que es un paso crítico, pero también necesario. Prefiero explorar los límites donde, se nos asegura, no se puede llegar, a vivir aborregado entre tanto recorte, cuadratura y sumisión genuflexa. Hace días lo pensaba, irse no es emigración, es evacuación. Sin darle más vueltas, estoy dándole de patadas a una situación estancada y en esas me encontrarás moviéndome durante estos dos meses en Wro.

Por aquí corren los vientos del cambio, si bien no pasearemos por el Gorki Park (menuda carrera en aquellos karts, verdad, Nacho?) como en la vetusta de los Scorpions pero sí que lo haremos por el Staromiejski. Estoy desentumeciendo mis extremidades, poco a poco. Si te veo o me ves por ahí, nos pagamos unas birras.

Grafitti de Blu en Wrocław 2013

Guerra Fría cultural


¿Existió una producción cultural independiente dentro del contexto de la Guerra Fría del siglo pasado? Y si la hubo, ¿incluía ésta la producida por la disidencia de la España franquista? De no ser así, ¿quién la financió?¿Con qué propósito? ¿Qué peso tuvo el Congreso por la Libertad de la Cultura en América Latina y la propia CIA en la inoculación de valores pro-norteamericanos en la misma?

Olga Glondys (Cracovia, 1979) analiza desde una perspectiva hispánica el cómo los exiliados republicanos contribuyeron en gran medida a las campañas de la CIA en materia de cultura, entrando de lleno en aspectos clave tales como la autonomía en la cultura o la financiación encubierta.

La joven doctora en Filología Española por la Universidad Autónoma de Barcelona ya es uno de los nuevos valores a destacar en el hispanismo actual, no ya por provenir de un país con destacados hispanistas y una relación histórica con España y toda Latinoamérica tan inédita como desconocida para una mayoría, sino por enraizar con el hecho cultural actual español desde una base empírica. El trabajo de Glondys en el ámbito académico correspondiente a este área así lo demuestra.

Éste es un buen ejemplo del trabajo que profesionales polacos realizan en España.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...