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La sala Hybrydy de Varsovia acogió ayer el concierto del grupo zaragozano "Amaral", organizado por el Instituto Cervantes. Por Varsovia han pasado infinidad de grupos españoles y latinoamericanos, eso ya lo sabéis, pero dejadme que os cuente algo sobre Amaral, ya que compartimos orígenes.
Cuando era un adolescente, mi barrio era una especie de mapa mental entre lugares que tenían la peculiaridad por la cual, los nombres por los que se les conocía, no tenían nada que ver con sus denominaciones de verdad. Así, mi barrio eran la zona del "Rollo", el "puente de los Gitanos", la esquina del "Bandido" o la zona del "Sol". Es precisamente allí, en el zona del Sol (o de Bretón, para los más exquisitos) donde asistí, harán aproximadamente quince años si no más, a un concierto de una chica y un guitarrista que se hacían llamar "Amaral". Creo que en todo el garito, que por cierto, era bastante grande, estuvimos unos quince tipos que habíamos entrado atraidos por unos pósters de poca tirada, de esos de los que se pegaban por la zona de mi barrio y poco más. Quedaría oportunista decir que me parecieron geniales, pero es que me lo parecieron. Es verdad que han crecido en estos años, pero en aquel tiempo ya apuntaban alto, aunque sólo fuéramos cuatro gatos a los conciertos, claro ;)
Los chicos de Amaral son otra punta de lanza de la música zaragozana, esa que ha dado a grupos como "Niños del Brasil", "Radio Futura", "Las Novias", "Héroes del Silencio", "Violadores del Verso", "Bigott", "El Niño Gusano", "Rafael Lechowski" (Mc nacido en Wrocław pero criado en Zaragoza) y su anterior grupo "Flowklórikos", "Masbirras", "Los Berzas", "Insulino Dependiente", "Doble V" así como un largo etcétera de grupos que han salido y saldrán de una de las canteras más prolíficas de España.
¿Sabíais que hay pubs en Ciudad de México que sólo pinchan música de Zaragoza?
Por cierto, el concierto, brutal.
En un mundo absurdo, alejado del sentido común en evidente huida de la verdad, el sesenta y cinco aniversario de la entrada de los soviéticos en Auschwitz se torna en cliché errabundo de un discurso cuyos retrueques, combas y polarizaciones rayan la tortura intelectual. Al no haber poesía en Auschwitz, no pueden tampoco haber ni prosa ni puesta en escena.
Lo admito, me molestan las celebraciones de un campo de concentración. No puedo evitarlo. Me fastidian aquellos quienes toman el nombre de Auschwitz en vano, sus peroratas, sus fotografías del desastre y reproches a toro pasado. Un lugar donde se masacraron seis millones de personas no puede acoger nada. Lo declararía reserva nacional y restringiría su paso a quienes fueran limpios de corazón, libres de banderas, henchidos por ser personas.
Habrá quien diga que no hay lugar que dé mejor sentido al pasado, o que a ver quién es el listo que se pone a juzgar tales atributos. A todos digo que me conformaría con que la procesión se realizara en el fuero interno de cada uno, y no mediante un tipo del telediario, justo cuando acabas de meterte a la boca tu primera cucharada de lentejas.
Reproducir su curriculum aquí me llevaría un largo rato y seguro que me quedaría incompleto. Lo conocí (lo abordé) en las escaleras del Collegium Novum de la Jaguelónica cuando comenzaba toda esta locura de blog allá por el 2005. Se portó francamente bien conmigo y su ayuda fue determinante para comenzar a conocer a muchas de las personas que luego hablarían para el documental.
Desde el año 2008 que tiene esta bitácora, donde recoge traducciones, fotografías y alguna que otra sorpresa más.