No se me ocurre qué decir sobre Wisława Szymborska que no sea recitar de nuevo el poema titulado "Utopía". Éste me ha acompañado todo el año 2011 y sin casi yo apreciarlo me ha ofrecido momentos de calma ante la fobia a languidecer. Por éste y muchos otros, gracias.
UTOPÍA
Isla en la que todo se aclara.
Ahí se puede arribar a pruebas firmes.
No hay más caminos que aquellos de llegada.
Las zarzas se doblan por el peso de las respuestas.
Crece ahí el árbol de la Suposición Correcta
con sus ramas eternamente desenredadas.
Y deslumbrantemente recto el árbol de la Comprensión
junto a una fuente llamada Ah, De Eso Se Trata.
Cuanto más denso se hace el bosque, más amplio aparece
el Valle de la Evidencia.
Si hay alguna duda, el viento la disipa.
El eco de ninguna voz toma la palabra
y aclara con entusiasmo los secretos de los mundos.
A la derecha, la caverna en la que se encuentra el sentido.
A la izquierda, el lago de la Convicción Profunda.
Del fondo se desprende la verdad y sale sin más a la superficie.
Domina el valle la Seguridad Inquebrantable.
Desde su cima se extiende la Esencia de las Cosas.
A pesar de sus encantos, la isla está desierta,
y las pequeñas huellas de pasos que se ven en sus orillas
se dirigen hacia el mar sin excepción.
Como si de ahí solamente se saliera
para hundirse irremediablemente en el abismo.
En una vida inconcebible.
Skłodowska Curie
Esta tarde se presenta en Madrid Sklodowska Curie: Una polaca en París, en la librería de Gran Vía, 29, a las 19:30.
Las páginas de este libro pretenden mostrar a María Sklodowska, la joven polaca que viajó a París para cumplir su sueño; a madame Curie, la eminente científica que alcanzó celebridad y relieve universal, y a María Sklodowska-Curie, la persona anónima que siempre quiso ser y que sólo conocieron quienes compartieron su vida.
Havel
Los hierros del tranvía nº. 20 chirriaban lastimosamente al transitar por los viales de la ciudad de Brno, segunda más importante de la República Checa, un país "nuevo" en el mapa por aquel entonces. En los vagones se mezclaban frío y olores. Olores de toda condición y frío siempre el mismo, intenso, seco, bajo cero. Algunos tranvías, sobre todo los que pasaban por el centro o los que iban a estaciones importantes, esos, tenían calefacción en los asientos pero éste no. La línea nº. 20 era una ruta larga, periférica y descampada con penúltima parada (nunca supe dónde carajo terminaba aquel tastarro, donde me tocaba ya me parecía el culo del mundo) en una calle que desembocaba, tras caminar unos trescientos metros con el viento abofeteándote la cara, en el edificio de la facultad de Bellas Artes donde me habían destinado los cabrones de la oficina de estudiantes extranjeros desde mi universidad de origen. Lo cierto es que todo aquello me daba igual, había llegado hasta allí y pensaba vivirlo con toda la intensidad posible, pero no está de más resaltar lo bastardos que eran, empezando por el director y terminando por el becario, aunque ese hecho sea hoy irrelevante.
He de decir que los nativos nunca me lo pusieron fácil, pues en una ciudad de 400.000 habitantes éramos tres estudiantes extranjeros provinientes de la Europa del oeste, algo que se notaba miraras donde quisieras mirar y, por así decirlo, nuestro aspecto daba el cante cual gitano haciendo footing. Difícil. Difícil, difícil, difícil. Kafkiano al fin y a la postre.
Pero el principal problema se daba de nuevo en mi incapacidad para leer dónde estaba, qué país era ese que pagaba al mejor dibujante para que ilustrara sus billetes, que competía en los campos de la literatura o el arte contemporáneo con las potencias culturales más desarrolladas, que transitaba por un caos interior que comenzaba en su propia identidad como nación hasta llegar al "pero dónde queremos llegar". Se lo preguntaban los trabajadores encerrados en las oficinas de la televisión estatal, manifestándose por la libertad de comunicación, se lo preguntaban las fuerzas del orden o el ciudadano, que giraban el rostro hacia la Unión Europea como si aquello fuera la arcadia feliz.
Viví un país en transición a la modernidad, caóticamente ordenado, deslabazado en su unión, incomprensible desde el punto de vista racional con el que me paseaba por la vida, asquerosamente seguro de que aquello que pasaba por mi cabeza era la verdad y que todos los demás estaban equivocados. Ese país, la República Checa, tenía a un poeta como presidente. Eso explicaba muchas de las cosas que luego entendí normales en aquella gente, capaces de hacer una revolución de terciopelo sin derramar una sola gota de sangre. Ya se había matado más que suficiente no ya desde la Primavera de Praga, sino que casi de forma endémica y por los siglos de los siglos. A veces los tiramos por la ventana, otras los llevamos a un campo de concentración, etc. La historia se repitió hasta llegar a tu capítulo, ese en el que los buenos salís a la calle y ganáis la guerra sin empuñar un arma. Tocado y hundido, jaque mate, las cuarenta en bastos y todos tan contentos.
Aún guardo una foto tuya firmada, presidente. No es que me la hubieras firmado tú en persona, en realidad es mucho más pueril: Me la llevé del piso donde viví todo aquel tiempo, un lugar a mitad de camino entre una pocilga y un cubo de mierda. Supongo que necesité quedarme con tu cara, tomarme mi tiempo y con los años meterme en tu terreno, el de las letras, y digerir todo aquello desde otra perspectiva y... mira tú por dónde, acerté. Aquella Chequia, presidente, era poesía y dramaturgia en estado puro.
Václav Havel , ex-presidente de la República Checa, ha fallecido hoy en Praga a los 75 años.
P.D.: "Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo." V. Havel
He de decir que los nativos nunca me lo pusieron fácil, pues en una ciudad de 400.000 habitantes éramos tres estudiantes extranjeros provinientes de la Europa del oeste, algo que se notaba miraras donde quisieras mirar y, por así decirlo, nuestro aspecto daba el cante cual gitano haciendo footing. Difícil. Difícil, difícil, difícil. Kafkiano al fin y a la postre.
Pero el principal problema se daba de nuevo en mi incapacidad para leer dónde estaba, qué país era ese que pagaba al mejor dibujante para que ilustrara sus billetes, que competía en los campos de la literatura o el arte contemporáneo con las potencias culturales más desarrolladas, que transitaba por un caos interior que comenzaba en su propia identidad como nación hasta llegar al "pero dónde queremos llegar". Se lo preguntaban los trabajadores encerrados en las oficinas de la televisión estatal, manifestándose por la libertad de comunicación, se lo preguntaban las fuerzas del orden o el ciudadano, que giraban el rostro hacia la Unión Europea como si aquello fuera la arcadia feliz.
Viví un país en transición a la modernidad, caóticamente ordenado, deslabazado en su unión, incomprensible desde el punto de vista racional con el que me paseaba por la vida, asquerosamente seguro de que aquello que pasaba por mi cabeza era la verdad y que todos los demás estaban equivocados. Ese país, la República Checa, tenía a un poeta como presidente. Eso explicaba muchas de las cosas que luego entendí normales en aquella gente, capaces de hacer una revolución de terciopelo sin derramar una sola gota de sangre. Ya se había matado más que suficiente no ya desde la Primavera de Praga, sino que casi de forma endémica y por los siglos de los siglos. A veces los tiramos por la ventana, otras los llevamos a un campo de concentración, etc. La historia se repitió hasta llegar a tu capítulo, ese en el que los buenos salís a la calle y ganáis la guerra sin empuñar un arma. Tocado y hundido, jaque mate, las cuarenta en bastos y todos tan contentos.
Aún guardo una foto tuya firmada, presidente. No es que me la hubieras firmado tú en persona, en realidad es mucho más pueril: Me la llevé del piso donde viví todo aquel tiempo, un lugar a mitad de camino entre una pocilga y un cubo de mierda. Supongo que necesité quedarme con tu cara, tomarme mi tiempo y con los años meterme en tu terreno, el de las letras, y digerir todo aquello desde otra perspectiva y... mira tú por dónde, acerté. Aquella Chequia, presidente, era poesía y dramaturgia en estado puro.
Václav Havel , ex-presidente de la República Checa, ha fallecido hoy en Praga a los 75 años.
P.D.: "Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo." V. Havel
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