Calma gorila

Retruecan los pasos de los viandantes sobre la nieve arrojada esta noche. El Rynek es la piel del tambor. Cualquier sonido es percibido con total claridad en la distancia. Camino junto a Stan, jubilado, que se ha ofrecido a buscar conmigo la puñetera oficina de correos. El gmaps es el peor consejero, me ha enviado a cascarla. Él tampoco se acuerda, pero en realidad no importa, ya la encontraremos. Su historia es sabrosa. Vino en brazos de su madre desde Leópolis, hoy Ucrania. Le pregunto cómo se vacía y se vuelve a llenar una ciudad. "Pues no sé, se hace y punto", responde con toda naturalidad. Nos sorprendemos. Me dice que Zapatero es un hombre malo. Yo me muero de la risa. Stan es todo un jardín de primavera, solo que a -8º.

La oficina es algo así como... como un trozo de oficina. Tendrías que verlo. Describirlo es obsceno. Pero me gusta en su ser. Me fascina la calma gorila. Ya me entiendes. Algo va a pasar, pero a nadie se le escapa el más monjil vientecillo. Estas situaciones son una mezcla de cuando sales del Dragón Khan y una prueba en el Instituto Cervantes. Sentado junto a una impresora, por no decir adherido a la misma, por el rabillo vislumbras las fotos de tipos buenorros en el corchete y piensas: "calma gorila".

Esta tarde inauguran una de cómics. Allá que me voy. No sin antes deleitar al respetable con una doble pirueta mortal y cuarto de solomillo al traicionarme las chucks en la nieve, presumido uno, que ni me caigo ni nada. Una asociación de discapacitados psíquicos la organiza y monta. Ay madre que me han dao en el punto. En la puerta. Muy serio. Un crío de unos quince años me alarga un papel. Ni leo lo que pone. Es un instante, corriendo por la orilla del Cinca detrás de Toño, Sergio o cualquiera de quienes tuve, si no estuviste no sabes lo que es vivir, y punto.

Saco fotos. Hablo con quien quiere. Me dan la mano tropecientos críos. Me bebo un vaso de agua con un limón la mar de bien cortado. Esta noche, después de muchísimos años, soñaré con Gavarnie, Astazu, Añisclo, Escuaín... y contigo. Buenas noches.


Danzad, danzad, malditos.

Me digo: "No seas impaciente. Carbura pero no quemes rueda." Repito un par de mantras. Vocablos. Sílabas inconexas. Una señora sale del festival de cine español. Bosteza sin tapujos. Sale una pareja mayor. Van hablando. Sale un tercero con bigote, y así se abre otra puerta. Salen unas ochenta personas. La audiencia es variada. Sale una pareja con una peduga. Se me escapa una mueca.

Dos erasmus italianos han llegado al Hostal. Preguntan por una Macrodisco. Preguntan por chicas. Preguntan por la crisis española. Preguntan por las chicas españolas. Preguntan mi edad. Preguntan cómo llegar a una Macrodisco. Me ofrecen costo.

Dos estudiantes de banca hablan de ética para con el cliente. Me interesa. Llevan cinco y seis años trabajando en la banca. Les pregunto si han ido al festival de cine. Me cuentan su vida y milagros. Son del Mazury. Les pregunto por una Macrodisco. No saben. Se me escapa una mueca.

Un estudiante de banca, pedo perdido, intenta magrear a una estudiante italiana de literatura. Le pregunto por la Macrodisco. "Ah, sí sí". Quiere que le traduzca. Paso de tu culo. Mejor me hago una tostada y me piro a dormir. No me pregunta la edad. Tampoco te la iba a decir, gañán.

Dos estudiantes de banca vuelven del festival de cine español. Se lo cuentan al tercero. No le apetece. Estuvo en una Macrodisco con unos erasmus italianos. ¿Os apetece una tostada? ¿Os apetece un té? ¿Os venís al cine esta tarde antes de iros a la Macrodisco? Los italianos se vienen. El otro accede a regañadientes. Sí, lo has adivinado... se me escapa una mueca.


Emprendedores

Llevava cierto tiempo aprenderte un camino en el Brno de enero, pues la nieve constantemente desdibujaba los rastros sobre ésta, y la escasez de hitos en el camino, letreros luminosos, fachadas fácilmente reconocibles, siquiera un algo, era lo habitual. Lego en idioma, lectura del territorio y muerto de frío, había algo ahí dentro que tejía por uno mismo la trama de nuevos mapas. Pero antes había que lanzarse. Salir a explorar a calzón quitado. Luego ya veríamos. Un haya esmochada. Una señal de tráfico. Un quiosco azul. Lo que cualquiera haría.

Tras la barra Jerzy nos escuchó hablar. Tenía una pinta horrible y olía peor. Era traductor de portugués y además hablaba español a la perfección. Una historia. Un personaje. Media vida con la Policía en los talones. La otra media viviendo en una cueva. Vendía sus historias por una copa de vino, a poder ser blanco de la ría de Porto. A poder ser en la vinería portuguesa de Brno.

No costaba nada llegar a la vinería portuguesa. Con seguir a Jerzy bastaba. Conciliar historias con paredes y la traza estaba hecha. El mapa se completaba. El cielo en tierra de aquel borrachuzo checo no distaba más que mi casa del único restaurante del que me fiaba por completo, donde trabajaba otro señor muy mayor que había vivido en Zaragoza y que siempre me trató con mucho cariño. Pero eso es otra historia.

Alguien había visto la oportunidad de negocio. Alguien se había lanzado a abrir una vinería en un barrio sucio, socavonado, pintarrajeado, agitanado. Y le había dado resultado. Funcionaba a la perfección. Entraban. Bebían sin sentarse. Se iban. Y así.

Eso era emprender. Ver nichos donde otros no, abrir mercados, luchar un día a día cuya mañana era una página por escribir y a la noche un capítulo cerrado.

Lo que nos hace mejores

Mañana primaveral. Wro tiene algo. La vaciaron. La volvieron a llenar. Miles de personas vivieron con las maletas hechas. Esperando. Esperar no es lo mío. Se debe ser paciente. Pero eso no nos hace mejores.

Camino. Pienso que necesito una bicicleta. Reuniones. Me sale el lado Conejo Duracell. Podría merendarme un mastín. Estoy rebosante. Es como si siempre hubiera estado aquí. Pero eso no hace a nadie mejorar.

Gestionar los sentimientos. Alta dirección lo llaman. Hay cientos de tomos y volúmenes de esos rollos. Virus, toxicidades, contagios. Parece obligatorio inocularse el virus luterano del amor al trabajo. Pero eso tampoco nos hace mejores.

Me paro. Llevo tres días comiendo fatal. Me acerco a un garito y me pido un plato de carne con patatas. Mira chico, que sí, que es estupendo que todos tengan dietas guays. Pero eso no me hace mejor y además soy omnívoro vocacional.

Hablo por los codos. Me cambian de idioma cada dos por tres. Casi prefiero a los estudiantes de banca de anoche. O se discute en polaco o no se discute, hostias.

Lo que nos hace mejores es lo mucho que queremos a los nuestros. Esa es la única fuerza para avanzar. No recuerdo nostalgia parecida. No muy lejos, tañe una campana.


Silenciados de Belchite

Pedían ayuda. Querían hacer una representación en el pueblo viejo de Belchite. Eran el Instituto Grotowski y se habían fijado la meta de actuar en Madrid, París y... Belchite. Tenían una ayuda europea para hacerlo. "No hay problema", dije. Yo tengo presupuesto "cero" pero por supuesto tengo mi coche, un teléfono y muchas ganas de hacer cosas con Polonia y con Belchite. Reuniones en el Ayuntamiento, cartas de compromisos variados, promoción a través de entrevistas y ruedas de prensa conjuntas. Solo había que llegar allí, montarlo todo y realizar la pieza. Todo iba a ir sobre ruedas.

Me llegó la invitación para ir a Lublin. Coincidía con las fechas programadas en Belchite. Me disculpé. Era el primero en querer ir pero aquello era importante para mí. Nos deseamos suerte. Habíamos trabajado mucho. Me fui a Lublin.

La tarde de antes del estreno, con todo montado y realizándose las pruebas, un coche llega al poblado viejo. Se bajan dos tipos que dijeron ser de "Patrimonio", y sin encomendarse a santo ni a virgen o mártir prohibieron la realización de la obra. Al mismo tiempo que los “agentes” realizaban preguntas a los trabajadores de la compañía teatral con el fin de recabar datos para adornar lo que en suma habían sido enviados a hacer, por Belchite viejo pasaban -como siempre han pasado- tractores, grúas y rebaños de ovejas y cabras. Ese día no tocaba rodar películas porno, celebrar misas por Franco a cargo de agrupaciones fascistas con su uniforme y todo (ese teatro sí tiene permiso) o grabar programas televisivos que emplean su tiempo en buscar psicofonías.

En suma, una acción que hubiera ayudado a desprender del pueblo viejo connotaciones que hace años debieron ser erradicadas ha sido la palanca para convertirlo en un pueblo muerto. Supongo que será lo que quieren aquellos que se empeñan en atornillar el yugo y las flechas en sus propias casas, que lo muerto siga bien muerto, pero no es lo que queremos la mayoría. ¿Qué es lo que la Diputación General de Aragón quiere?

Hace lustros que el pueblo viejo de Belchite debería haber sido puesto en valor. Venga chicos, animáos, que no se pueda especular con sus tierras no lo convierte en terreno baldío. Algunos creemos que podría ser un lugar perfecto para la educación en la paz como Sarajevo, Oradour-sur-Glane o Auschwitz pero claro, olvidaba que la seguridad es lo primero y que a Patrimonio todo esto “le ha pillado por sorpresa”. Es fascinante.

No por mucho más tiempo se podrá mantener a este lugar en la profilaxis permanente a la que los gobiernos de Aragón lo han condenado. Sugiero al actual que tome cartas en el asunto sobre Belchite viejo y de paso también en el campo de trabajos forzados y concentración de Franco a pocos kilómetros de allí, al que los vecinos denominaban habitualmente “Rusia”, y del que quedan no pocos restos.

La representación de la compañía teatral ZAR, pagada por el semestre presidencial polaco de la UE y que sería repetida en el Matadero de Madrid el siguiente fin de semana y poco después en París, se estuvo publicando desde junio en la prensa aragonesa y nacional. En repetidas ocasiones se anunció que se había llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento de Belchite para realizar su obra allí por lo que la “sorpresa” manifestada por Patrimonio es falaz, es mentira.

Preferiría tener un gobierno que no manifestara su “sorpresa” para después censurar, sino que censurara lo que allí ha ocurrido durante décadas y nos sorprenda a todos haciendo algo bueno para Belchite y, en general, a todos. Y de paso, no espantar lo poco que pasa por allí.

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Cosas que nunca me dije

Escribo durante horas y me levanto a intervalos. Hay quien se ha dejado las llaves de la oficina. Me sujeto a mi mismo. Cuando me duele el culo de tanto estar sentado me enfundo en la zamarra y me las piro a la calle. Me falta comprar agua, pan y algo de morro. Al caminar paso por una oficina de turismo, las señoras allí plantadas tienen cara de que alguien se ha tirado un pedo. Engancho sumiso un mapa, un "Wroclaw in your pocket" que delata mi ya evidente aspecto de guiri y marcho hacia una Biedronka cercana. Una tipa me topa para venderme una colonia. Decirle "no tengo tiempo" con acento extranjero la espolea para machacarme a preguntas. Alzo la vista, todo el Rynek es una carrera de obstáculos. Algo así como un slalom de solidarios greenpeace, señores regalando postales y la chica de la colonia que se afana en hacerme ver que 60 euros por una colonia no son nada. Uf.

Abro el "Wroclaw in your pocket" y efectivamente, sirve ni para empacar pescado. Eso sí, habla de una bonita iglesia jesuíta a pocos metros de allí y dejo de leer los siguientes catorcientos párrafos.

Con mi padre tengo un juego que en realidad no es tal. En otras ocasiones, cuando nos hemos adentrado en iglesias de jesuítas, hemos intentado descubrir quién era quién. Ignacio, Estanislao, Javier y toda esa peña que suelen encontrarse por estos templos suelen ser el inicio de un juego de pistas que hay que saber entreleer. Es entretenido.

Entro. Vacía. La recorro, hay un guía hablando con unas guiris norteamericanas que le preguntan qué es lo que está pintado en el techo. Casi nada, así a vuelapluma me salen unos cincuenta personajes en la historia de la creación contada a los cristianos. Me acerco para sintonizar la parabólica y justo en ese momento está en ello: "...y ese de ahí es Javier". Joder qué bien, me acabas de ahorrar el esfuerzo. Al poco descubro toda una capilla dedicada al navarro. Un poco cascada pero oyes, no están las cosas como para ponerse estupendo.

Karol es el guía. Hablamos de todo un poco. Quiere montar una empresa de turismo pero no tiene claro cómo hacer. Le cuento lo de la cara de pedo de las señoras y se ríe. Yo es que no fui a jesuítas sino a los marianistas y claro, contar chistes en la iglesia no consta en sus registros. Se extraña al escucharme, o mejor dicho, le extraña mi acento pero le parece guay. No sé si le entiendo esto último. Da igual. Subimos por las escaleras del coro. Miramos el órgano. Hablamos del mural del techo a menor distancia de éste. Los dos sabemos lo de la iglesia-escuela. Entra una yaya por la puerta. Echa un donativo.

El Sol ha calentado los adoquines como para animar a unos húngaros a tocar una de gitanos con sus bombos y trompetas. Tengo los pies helados de estar de pie por la iglesia. Al salir me encuentro con esa pared tan chula. He quedado a las cuatro y media con R.


Qué pasa Wro

Hace pocas horas que he llegado, el frío vuelve a cortarme la cara y mis meninges comienzan a carburar en su hábitat favorito. Percibo el Halne que baja del Tatra, gélido y calmo, en nada igual al Cierzo que tras el Moncayo cañonea mi ventana y que cada día venía empujádome, sin sutilezas, a vestirme el sayo de viaje.

La insoportable levedad de aquello que fuimos y lo abiertamente difuso de quienes seremos. El galimatías de ser como se es ha dado con mi osamenta en Wrocław. Yo mismo pienso que es un paso crítico, pero también necesario. Prefiero explorar los límites donde, se nos asegura, no se puede llegar, a vivir aborregado entre tanto recorte, cuadratura y sumisión genuflexa. Hace días lo pensaba, irse no es emigración, es evacuación. Sin darle más vueltas, estoy dándole de patadas a una situación estancada y en esas me encontrarás moviéndome durante estos dos meses en Wro.

Por aquí corren los vientos del cambio, si bien no pasearemos por el Gorki Park (menuda carrera en aquellos karts, verdad, Nacho?) como en la vetusta de los Scorpions pero sí que lo haremos por el Staromiejski. Estoy desentumeciendo mis extremidades, poco a poco. Si te veo o me ves por ahí, nos pagamos unas birras.

Grafitti de Blu en Wrocław 2013
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