Silenciados de Belchite

Pedían ayuda. Querían hacer una representación en el pueblo viejo de Belchite. Eran el Instituto Grotowski y se habían fijado la meta de actuar en Madrid, París y... Belchite. Tenían una ayuda europea para hacerlo. "No hay problema", dije. Yo tengo presupuesto "cero" pero por supuesto tengo mi coche, un teléfono y muchas ganas de hacer cosas con Polonia y con Belchite. Reuniones en el Ayuntamiento, cartas de compromisos variados, promoción a través de entrevistas y ruedas de prensa conjuntas. Solo había que llegar allí, montarlo todo y realizar la pieza. Todo iba a ir sobre ruedas.

Me llegó la invitación para ir a Lublin. Coincidía con las fechas programadas en Belchite. Me disculpé. Era el primero en querer ir pero aquello era importante para mí. Nos deseamos suerte. Habíamos trabajado mucho. Me fui a Lublin.

La tarde de antes del estreno, con todo montado y realizándose las pruebas, un coche llega al poblado viejo. Se bajan dos tipos que dijeron ser de "Patrimonio", y sin encomendarse a santo ni a virgen o mártir prohibieron la realización de la obra. Al mismo tiempo que los “agentes” realizaban preguntas a los trabajadores de la compañía teatral con el fin de recabar datos para adornar lo que en suma habían sido enviados a hacer, por Belchite viejo pasaban -como siempre han pasado- tractores, grúas y rebaños de ovejas y cabras. Ese día no tocaba rodar películas porno, celebrar misas por Franco a cargo de agrupaciones fascistas con su uniforme y todo (ese teatro sí tiene permiso) o grabar programas televisivos que emplean su tiempo en buscar psicofonías.

En suma, una acción que hubiera ayudado a desprender del pueblo viejo connotaciones que hace años debieron ser erradicadas ha sido la palanca para convertirlo en un pueblo muerto. Supongo que será lo que quieren aquellos que se empeñan en atornillar el yugo y las flechas en sus propias casas, que lo muerto siga bien muerto, pero no es lo que queremos la mayoría. ¿Qué es lo que la Diputación General de Aragón quiere?

Hace lustros que el pueblo viejo de Belchite debería haber sido puesto en valor. Venga chicos, animáos, que no se pueda especular con sus tierras no lo convierte en terreno baldío. Algunos creemos que podría ser un lugar perfecto para la educación en la paz como Sarajevo, Oradour-sur-Glane o Auschwitz pero claro, olvidaba que la seguridad es lo primero y que a Patrimonio todo esto “le ha pillado por sorpresa”. Es fascinante.

No por mucho más tiempo se podrá mantener a este lugar en la profilaxis permanente a la que los gobiernos de Aragón lo han condenado. Sugiero al actual que tome cartas en el asunto sobre Belchite viejo y de paso también en el campo de trabajos forzados y concentración de Franco a pocos kilómetros de allí, al que los vecinos denominaban habitualmente “Rusia”, y del que quedan no pocos restos.

La representación de la compañía teatral ZAR, pagada por el semestre presidencial polaco de la UE y que sería repetida en el Matadero de Madrid el siguiente fin de semana y poco después en París, se estuvo publicando desde junio en la prensa aragonesa y nacional. En repetidas ocasiones se anunció que se había llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento de Belchite para realizar su obra allí por lo que la “sorpresa” manifestada por Patrimonio es falaz, es mentira.

Preferiría tener un gobierno que no manifestara su “sorpresa” para después censurar, sino que censurara lo que allí ha ocurrido durante décadas y nos sorprenda a todos haciendo algo bueno para Belchite y, en general, a todos. Y de paso, no espantar lo poco que pasa por allí.

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Cosas que nunca me dije

Escribo durante horas y me levanto a intervalos. Hay quien se ha dejado las llaves de la oficina. Me sujeto a mi mismo. Cuando me duele el culo de tanto estar sentado me enfundo en la zamarra y me las piro a la calle. Me falta comprar agua, pan y algo de morro. Al caminar paso por una oficina de turismo, las señoras allí plantadas tienen cara de que alguien se ha tirado un pedo. Engancho sumiso un mapa, un "Wroclaw in your pocket" que delata mi ya evidente aspecto de guiri y marcho hacia una Biedronka cercana. Una tipa me topa para venderme una colonia. Decirle "no tengo tiempo" con acento extranjero la espolea para machacarme a preguntas. Alzo la vista, todo el Rynek es una carrera de obstáculos. Algo así como un slalom de solidarios greenpeace, señores regalando postales y la chica de la colonia que se afana en hacerme ver que 60 euros por una colonia no son nada. Uf.

Abro el "Wroclaw in your pocket" y efectivamente, sirve ni para empacar pescado. Eso sí, habla de una bonita iglesia jesuíta a pocos metros de allí y dejo de leer los siguientes catorcientos párrafos.

Con mi padre tengo un juego que en realidad no es tal. En otras ocasiones, cuando nos hemos adentrado en iglesias de jesuítas, hemos intentado descubrir quién era quién. Ignacio, Estanislao, Javier y toda esa peña que suelen encontrarse por estos templos suelen ser el inicio de un juego de pistas que hay que saber entreleer. Es entretenido.

Entro. Vacía. La recorro, hay un guía hablando con unas guiris norteamericanas que le preguntan qué es lo que está pintado en el techo. Casi nada, así a vuelapluma me salen unos cincuenta personajes en la historia de la creación contada a los cristianos. Me acerco para sintonizar la parabólica y justo en ese momento está en ello: "...y ese de ahí es Javier". Joder qué bien, me acabas de ahorrar el esfuerzo. Al poco descubro toda una capilla dedicada al navarro. Un poco cascada pero oyes, no están las cosas como para ponerse estupendo.

Karol es el guía. Hablamos de todo un poco. Quiere montar una empresa de turismo pero no tiene claro cómo hacer. Le cuento lo de la cara de pedo de las señoras y se ríe. Yo es que no fui a jesuítas sino a los marianistas y claro, contar chistes en la iglesia no consta en sus registros. Se extraña al escucharme, o mejor dicho, le extraña mi acento pero le parece guay. No sé si le entiendo esto último. Da igual. Subimos por las escaleras del coro. Miramos el órgano. Hablamos del mural del techo a menor distancia de éste. Los dos sabemos lo de la iglesia-escuela. Entra una yaya por la puerta. Echa un donativo.

El Sol ha calentado los adoquines como para animar a unos húngaros a tocar una de gitanos con sus bombos y trompetas. Tengo los pies helados de estar de pie por la iglesia. Al salir me encuentro con esa pared tan chula. He quedado a las cuatro y media con R.


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